Intento II
El hombre calamina
Se sumió en la derrota de su pecho,
ante el letargo, después de la epifanía.
Sus ojeras nunca desaparecieron,
solo se hicieron más profundas.
Su corazón se ha ido afuera
y él se ha convertido en textura.
Temblando de todo y perdiendo su templanza,
tan débil como una piedra.
Él solito se ignora, se pega unos
tragos, unos hitcitos,
deseando que en otros estados
pueda conseguir consuelo.
¿Por qué será que Dios lo hizo así,
quién lo habrá hecho así,
sin pernos en la cabeza
y con su corrugado armazón,
Con los labios dañados por el invierno,
que con cada ventarrón retumban,
y le agrega nuevas hendiduras
en cada pliegue de su cuerpo.
Su cuerpo de espejado interior
que simula ser pared que protege
o techo que cubre de todo mal
Mas no logra ninguno de sus cometidos.
Ese hombre que con cada día su vida se desgasta
y solo queda una parte menor.
Y es que requiere talento para derrumbarse así
para sentenciarse a su óxido más grande,
para exponer cada hendidura ante los demás.